Publicado en la revista Shotokan Karate Magazine/Septiembre 2017
Gichin Funakoshi

Hoy, domingo 23 de abril de 2017, estamos a tan solo tres días de una fecha muy significativa para budokas alrededor del mundo en general, y para practicantes de Karate Shotokan en particular, dado que marcará el 60º aniversario del fallecimiento del maestro Gichin Funakoshi (1868-1957). Por ello, mi mujer y yo, ambos practicantes de Karate Shotokan, hemos decidido visitar su tumba que –contrariamente a lo que mucha gente fuera de Japón cree, y tal y como el maestro Harada, de karate Shotokai, clarifica en el magnífico libro del Dr. Clive Layton “Reminiscencias del maestro Mitsusuke Harada”- no se encuentra ubicada en el mismo lugar que su famoso memorial del templo Engakuji en Kamakura, sino en un templo zen a unos 30 kilómetros al Oeste de Tokio.

La mañana es gloriosa y tras un invierno particularmente frío, la primavera con su clima templado ha llegado finalmente a Japón. Las flores de los cerezos, que hasta hace apenas dos semanas cubrían el país con su inigualable tonalidad rosada, ya no están y tanto parques como zonas abiertas de la ciudad y sus alrededores brillan ahora con el verde claro de hojas nuevas. Ya en el tren que nos lleva del centro de Tokio a nuestro destino no puedo dejar de reflexionar sobre lo que el maestro Funakoshi pensaría de la situación del karate hoy día, y me doy cuenta de lo difícil que sería proporcionar una respuesta sencilla y objetiva a semejante cuestión. Por ejemplo, en el aspecto técnico, pienso que estaría positivamente sorprendido. Un repaso a los viejos documentales de torneos y exhibiciones de karate de su época, es más que suficiente para apreciar el refinamiento actual de algunas de sus técnicas convencionales, así como el vasto incremento de repertorio. Sin embargo, a otro nivel, creo que el maestro Fuankoshi tendría dificultades al tratar de reconocer el arte al que dedicó la totalidad de su vida, de acuerdo a la concepción que del mismo él tenía.

Monumento “Karate ni sente nashi”, erguido en 2007 en el parque Onoyama de Okinawa, en memoria del maestro Funakoshi

En una muy interesante entrevista concedida a la revista Black Belt en 1972 por el maestro Isao Obata -contemporáneo a Funakoshi y cofundador de la JKA- éste decía: “el karate se está muriendo ahora, no puede durar más que unas pocas décadas, puede morir antes de que lo haga yo”. Bueno, como todos sabemos el karate no ha muerto sino al contrario, está muy vivo, así que, ¿estaba el maestro Obata tan equivocado cuando predijo lo anterior? Pienso que no y creo que él no se refería a los aspectos técnicos del karate como tales cuando hizo aquella declaración. Creo que el maestro Obata, que sobrevivió 19 años a Funakoshi, pudo ver con sus propios ojos la ruta que el karate tomaba, así como el comienzo de la era del “karate business”, lamentablemente también muy viva a día de hoy. Por “karate business” no quiero referirme únicamente a la sustanciosa fuente de ingresos que el karate ha proporcionado en las últimas décadas a gentes que no han puesto jamás un pie en un dojo o a aquellos a quienes el espíritu del karate no puede importar menos, sino también a la degradación que el arte ha sufrido y al cada vez mayor número de estafadores y falsos maestros de todo tipo que se aprovechan de la ingenuidad del público en general. Por no citar la vergonzosa estrategia emprendida por muchos instructores de alto rango quienes, para promocionar sus respectivas organizaciones, viajan alrededor del mundo otorgando diplomas de grados dan como si de hamburguesas se tratara.

Mientras el maestro Funakoshi vivía, la posibilidad de que el karate pudiera algún día llegar a ser disciplina olímpica no era siquiera contemplada, puesto que entonces apenas era conocido fuera de Japón entonces. Ahora que una de las mayores ambiciones de Funakoshi se ha cumplido enteramente en cuanto a que el karate se ha extendido a todos los rincones del mundo –aunque todavía hay quienes se niegan a reconocer este hecho y continúan diciendo que el karate necesita hacerse “más popular”-, la situación es bien distinta. Los preparativos en esta ciudad para los Juegos Olímpicos de 2020 continúan a buen ritmo. El karate hará entonces debut y será reconocido como “deporte” olímpico. Tras años y años de interminables discusiones políticas y prolongadas negociaciones –no exentas de amargas y despiadadas disputas- el karate formará parte de las Olimpiadas y con ello, muchos de nosotros pensamos, una gran parte de su esencia como budo continuará diluyéndose.

No cabe duda de que un evento como los Juegos Olímpicos inspirará los ideales y aspiraciones más nobles en karatekas alrededor del mundo, pero su duro trabajo y sacrificio pasará a formar parte de una máquina que combina genuinos valores con la parte más oscura del negocio del espectáculo. Nuevas reglas de puntuación han sido establecidas por altos oficiales de karate. Algunos de ellos, curiosamente, no recuerdan cuándo fue la última vez que sudaron un karategi. Se han convertido en lo que se podría definir como “karatekas ejecutivos”. No puedo generalizar aquí dado que no conozco a todos los funcionarios de la Federación Mundial de Karate (WKF) pero, a los que sí conozco…¡cómo me cuesta reconocer! Ahora lucen barrigas cerveceras y dicen no disponer de tiempo para entrenar. Pareciera que se sienten mucho más cómodos dentro de sus oficinas, involucrándose en políticas mezquinas, que entrenando en un dojo. Algunas de las reglas han sido diseñadas con el propósito de convertir los combates de karate en algo más atractivo para el público, aunque si ello evitará que los combates de karate olímpico sean tan aburridos de ver como lo son los de Judo o Taekwondo hoy en día, el tiempo lo dirá.

El acontecimiento mundial, tan codiciado por tantos, incluirá también una división de katas, y uno se pregunta si los katas experimentarán igualmente una nueva degradación de su esencia y significado en favor de la vistosidad y belleza coreográfica, con las ridículas pausas prolongadas y ritmos alterados -tan alentados por muchos instructores- y que tanto parecen impresionar a jueces y espectadores desinformados por igual. ¿No habría sido mejor, y más sensato, otorgar a esta nueva versión olímpica un nombre diferente? Un nombre distinto al que Funakoshi eligió cuando renombró el arte cambiando uno de sus caracteres originales, de modo que pudiera ser leído como “mano vacía”, con todo el significado filosófico que dicho cambio implicaba.

Tumba del maestro Gichin Funakoshi

Recién en marzo pasado, durante el «29º Seminario Internacional de Cultura Budo» celebrado en la Universidad Internacional de Artes Marciales en Katsuura, aquí en Japón, los participantes asistimos a la conferencia impartida por el Secretario General de la WKF, Nagura Toshihisa sensei, titulada «Karatedo: como budo y un deporte olímpico». En su disertación, afirmó que la responsabilidad de mantener el karate como una forma pura de budo descansa enteramente en los instructores, quienes deberían prestar atención a que en sus dojos ambas facetas: “karate budo” y «karate olímpico» fueron igualmente impartidas. Una reflexión, en mi opinión, muy utópica e ingenua por parte del Sr. Toshihisa y más fácil de decir que de hacer. Pero, en cualquier caso, el mero hecho de que se esté considerando este tipo de separación es un signo sólido de que otra división dentro del karate está en camino. Será interesante observar qué dirección toma nuestro arte después de Tokio 2020.

Transcurridos unos 40 minutos llegamos a la pequeña localidad de nuestro destino. Bajamos del tren y cubrimos caminando en apenas 10 minutos el trayecto desde la estación hasta el templo, junto al cual se encuentra el cementerio con la tumba del maestro Funakoshi y los restos mortales de la mayoría de su familia directa. Consciente de lo difícil que es para los japoneses obtener días libres en sus trabajos, sé que aprovechan los domingos o feriados nacionales para organizar la mayoría de sus rituales religiosos, por lo que anticipo encontrar un considerable grupo de instructores japoneses y alumnos de karate de todo el país. Sin embargo, cuando llegamos al cementerio, descubrimos que la realidad es bastante diferente. Frente a la tumba de Funakoshi, solo nueve caballeros, vestidos formalmente para la ocasión, esperan sentados mientras un monje próximo a la tumba se prepara para iniciar un servicio. ¡Nueve personas…eso es todo! Puedo entender la ausencia de karatekas extranjeros, pero ¿dónde están todos los instructores japoneses de karate Shotokan…? los mismos que tienen un retrato del sensei Funakoshi colgando en sus dojos. ¿Y qué hay de sus alumnos…? los que solemnemente recitan el dojo kun después de cada clase frente a dichos retratos. En el libro del Dr. Layton mencionado anteriormente, Harada sensei que, como Isao Obata, aprendió karate directamente de Funakoshi, expresó su resentimiento y amargura cuando el 26 de abril de 1998, en el mismo lugar donde yo me encuentro ahora, ni una sola persona hizo acto de presencia. También manifestó su creencia de que Funakoshi parecía haber sido ya olvidado, así como su convicción de que el karate contemporáneo se basa únicamente en su versión deportiva y en hacer dinero.

Una vez que el servicio religioso ha finalizado y los hombres se han ido, es nuestro turno de quemar un poco de incienso sobre la tumba del maestro mientras ofrecemos nuestras oraciones de gratitud. El monje que llevó a cabo el oficio se nos acerca y se presenta como Choko Mochizuki, de la rama de budismo Nichiren, custodio del templo y cementerio. Amablemente nos invita a sentarnos en el vestíbulo del templo mientras prepara té verde japonés que, minutos más tarde, nos ofrece acompañado de tradicionales senbei (galletas de arroz). Por él, nos enteramos de que los caballeros que habían solicitado el servicio religioso en memoria de Funakoshi son representantes de la Asociación de Karate Do Shotokai de Japón. Disfrutamos de una conversación agradable con el Sr. Mochizuki, sin embargo, durante la hora larga que permanecemos allí, nadie más viene a presentar sus respetos y los únicos dos ramos de flores sobre la tumba de sensei son los que dejaron los representantes de Shotokai. Cuando abandonamos el cementerio ya es mediodía, y nos preguntamos si habrá una afluencia de karatekas japoneses durante lo que queda de la jornada, pero lo dudo.

Parece que, tal y como el maestro Harada expresó en 1998, el maestro Fuankoshi ha sido olvidado. En mi opinión, si esto es cierto o no, no es tan importante ya que su recuerdo es, creo, algo de naturaleza personal y que tiene más que ver con nuestros sentimientos personales hacia él y con lo que la tarea que realizó ha traído a nuestras vidas.  Lo que él pensaría del karate actual, estoy convencido también, no preocupa en lo más mínimo a la mayoría de los ejecutivos de Karate Shotokan que ocupan puestos directivos dentro los órganos de gobierno de karate más relevantes del mundo. Lo que realmente importa es que junto con Funakoshi sensei, la mayoría de sus ideas e ideales también han sido olvidados. No me refiero aquí a meros conceptos idealistas o románticos del budo, sino a las mismas nobles ideas y fundamentos éticos en los que él creía y que constituyeron parte esencial del karate que él concibió y divulgó. Y eso, creo, es la verdadera vergüenza y, al mismo tiempo, algo que debería activar una luz roja de alarma para todos los instructores y estudiantes de Shotokan alrededor del mundo. A menos que un enorme esfuerzo -con una gran dosis de análisis, autocrítica y buena disposición para enmendar errores del pasado- sea realizado por todos, y muy especialmente por aquellos que podrían promover cambios, la situación actual nunca revertirá. El noble Sendero de la Mano Vacía divulgado por Gichin Funakoshi y muchos otros maestros de karate del pasado seguirá mutando y alejándose de sus objetivos originales independientemente de cuántos retratos de él cuelgen en los dojos. Para muchos, demasiados diría yo, ya se ha transformado en el «sendero de la mano llena«…(de dinero). 

Autor de este artículo con el monje Choku Mochizuki, 23.04.2017

Como nota final, solo mencionar que la semana pasada, cuando telefoneé al Sr. Mochizuki para pedirle permiso para incluir su foto en este artículo, aproveché la oportunidad para preguntarle si la asistencia el 26 de abril había sido diferente a la del día de nuestra visita. Tristemente, me confirmó lo que yo había anticipado: solo una pequeña delegación de karatekas del sur de Japón visitó la tumba del maestro. 

 

Francisco Estévez

Editor de la Revista de Budo Tradicional online

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