Cuando tras el establecimiento de la era Meiji (1868-1912) en Japón, la casta samurái fue abolida, los sistemas de lucha del bushi (guerrero) conocidos genéricamente como bugei o bujutsu, si bien experimentaron un inmediato declive, no se extinguieron con dicha casta tal y como podría haberse esperado. Por el contrario, con el tiempo comenzarían a hacerse accesibles a todos los extractos de la sociedad nipona. En un país que finalmente conocía un prolongado período de paz tras numerosas contiendas internas, sus ciudadanos no se entrenaban en las artes de lucha buscando métodos de defensa contra un hipotético enemigo, sino más bien como herramienta de desarrollo y de virtud. Japón no deseaba que el concepto de “virtud marcial” se perdiera. Gracias a ello, factores inherentes de las artes guerreras tales como el esfuerzo, austeridad, espíritu de sacrificio, disciplina e incluso etiqueta continuaron siendo elementos claves en la formación nipona.  El bujutsu fue dando paso a lo que podríamos llamar su “versión moderna” o budo (vía de la guerra), término que hoy día engloba al conjunto de artes marciales japonesas. Como no podía ser de otro modo, el budo enfatiza el desarrollo de las siete virtudes de su ancestro, el bushido (la vía del guerrero o samurái): integridad (gi), respeto (rei), coraje (yu), honor (meiyo), compasión (jin), honestidad (makoto) y lealtad (chugi).

Yamaoka Tesshu

Numerosas relevantes figuras contribuyeron a esta transformación de ideales, entre las que habría que mencionar la del samurái Yamaoka Tesshu (1836-1888), conocido también como “el último samurái”. De reconocida destreza en el arte del kenjutsu, llegó a ser tutor del joven Emperador Meji. Fue también un excelente calígrafo, poeta y ferviente adepto a la meditación zen. Sus enseñanzas de Shingai muto, “no hay otra espada que la del corazón” constituyeron las bases filosóficas de su estilo Muto-ryu (escuela de la no-espada).

De pasado más reciente, sobresale igualmente la figura del maestro Kano Jigoro (1860-1938), conocido como el fundador del judo moderno. Tras haber estudiado jujutsu, creó su propio sistema basado en la fusión de técnicas antiguas y modernas, al que llamó “Nihon-den Kodokan Judo”. El maestro Kano centró todos sus esfuerzos para que el judo fuese reconocido por sus efectos positivos en la formación de la juventud nipona, difundiendo su sistema por todo el país e incluso por el extranjero. Sus esfuerzos que se vieron recompensados cuando el Ministerio de Educación japonés decidió incluir las artes marciales en 1913.

Kano Jigoro
Gichin Funakoshi

De igual transcendencia fue la tarea llevada a cabo por el maestro de karatedo, contemporáneo de Jigoro Kano, Gichin Funakoshi (1868-1957). Natural de Okinawa, Funakoshi se estableció en Tokio en 1922 y dedicó su vida a divulgar el karate okinawense bajo la filosofía de “el objetivo final del karate no radica en la victoria o en la derrota, sino en la perfección de carácter de sus adeptos”. De marcada orientación filosófica, Funakoshi enfatizó hasta el final de su vida que en karate, el auténtico combate es contra el enemigo interno dentro de cada uno de nosotros. Mientras que el maestro Kano fomentó la faceta competitiva en el judo, Funakoshi se opuso a las competiciones deportivas de karate. Debido a la labor de divulgación del Karate que Funakoshi realizó a través de todo Japón y, más tarde, mediante instructores formados por él alrededor del mundo, todavía hoy es conocido como el  “padre del karatedo moderno”.

De influencia comparable a la de los anteriores maestros de budo, es obligatorio también citar al maestro Ueshiba Morihei (1883-1969). Ueshiba estudió diferentes estilos de combate y llegó a impartir clases de Daito ryu, el sistema de jujutsu que aprendió directamente del maestro Takeda Sodaku. Más tarde, fundó su propio estilo, el aikido, que rechazaba la premisa del maestro Takeda “vencer matando”, y basa su filosofía en la harmonía y el amor universal. Al igual que Funakoshi, el maestro Ueshiba mantuvo su arte apartado de las competiciones deportivas, si bien algunos de sus alumnos que formaron estilos propios han dado lugar a las mismas.

Ueshiba Morihei

Enumerar todas las artes marciales que actualmente se practican en Japón no sería tarea sencilla (por ejemplo, solo de Kobudo existen 30 escuelas reconocidas). Citamos seguidamente las más populares, tanto en Japón como en Occidente y a las que estaremos prestando una mayor atención en nuestras páginas: Aikido, Iaido, Judo, Jukendo, Karatedo, Kendo, Kobudo, Kyudo, Naginata y Shorinji kempo; sin que ello quiera decir que no vayamos a cubrir otras menos conocidas.

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